
¿Me permite esta pieza?
Sonrojada accedió a tan bondadosa petición del caballero. Las manos se unieron y los pasos firmemente seguían el compás.
La música giraba alrededor de sus cabezas, sus ojos se seguían y se encontraban un poco tímidos. La falda de ella se enredaba en sus zapatos y él confiadamente la mecía.
Rápido y más rápido se mezclaban y organizaban su rutina. Los visitantes los miraban aunque no dejaban tampoco de danzar. El salón brillaba y las lámparas tomaban color. Cada uno en su traje se olvidaba de sí y se perdía en la nueva dimensión y en el ambiente de delicadeza y estupor
Stefany Carrillo Garcia

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